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  • Foto del escritorRenacida

La danza como herramienta de liberación del cuerpo femenino.

Feminismo en la relación corporal individual y colectiva; la expresión del cuerpo de ‘mujer’.




A través de la historia, la mujer ha vivido su cuerpo de diversas maneras, sin embargo es raro -si no es que inexistente- el momento en que ha sido libre en su plenitud. En el mundo civilizado con una visión patriarcal tal aprisionamiento ha sido perpetuado a través de la acción tanto individual como colectiva. En busca de la libertad –en primera instancia política y social- surge el movimiento feminista. Gracias a este quehacer de las primeras mujeres ilustradas1 y la lucha sufragista2 es que, las mujeres tenemos permitido involucrarnos en las estructuras políticas y dinámicas sociales de forma más incluyente. Dado ese paso, el feminismo ha evolucionado, tanto en teoría como en práctica, hasta llegar al cuestionamiento mismo del ser mujer. Es ahí donde podemos leer a teóricas como Judith Butler, Margarita Tortajada, Joan Scott entre otras para ahondar en las siguientes preguntas. ¿Qué es ser mujer?¿Se nace mujer o se hace mujer? ¿El sexo biológico puede liberarse del género cultural? ¿Ser hombre, ser mujer nos ata a una masculinidad/feminidad hegemónica? Es aquí donde yo respondo: El feminismo es una herramienta para reformular lo que significa ser mujer, desde el cuerpo, y para de-construir la ilusión colectiva de una dualidad excluyente en pos de una relación de libertad corporal.


Para lograr responder las preguntas anteriores con mayor precisión se deben esclarecer ciertos conceptos y la relación existente entre ellos. El sexo es un hecho biológico; es visible en el cuerpo. Son el conjunto de peculiaridades que caracterizan a los individuos en la especie para su reproducción, los que denominan la diferencia entre el macho y la hembra. El género es una construcción cultural que implica la categorización de atributos; es un conjunto de acciones y hábitos que son reforzados en sociedad.

El sexo es un hecho del cuerpo biológico, el género es una ordenación de atributos asignados al cuerpo. Históricamente el sexo y el género se han entendido como un mismo concepto. Debido a la fusión de los conceptos, los atributos de género se han organizado dentro de un esquema binario –masculino y femenino- (al creerse homólogo a macho y hembra).

“El género, así como la vivencia del cuerpo, es una forma social que corresponde a una “visión mítica del mundo”.”(Quiroz, 2001).

Existe entonces una visión mítica del mundo -en su mayoría- que se basa en el binario excluyente entre individuos. El hombre y la mujer son estrictamente eso: hombre y mujer en cuerpo y en acto divididos entre sí por unos requisitos que pareciesen inamovibles y son perpetuados por las masas.


Si el género es entonces la vivencia del cuerpo, es a través de cada acción performática (Butler, 1988) que lo construimos. La performatividad apela a la idea del género por consecuente no como algo inamovible por “naturaleza”, si no un rol y normas que los individuos construyen a diario en sociedad. Por lo tanto es a través de la subversión de esos actos y la transformación de las relaciones de esos actos y condiciones que se puede lograr una verdadera ruptura al límite de hombre y mujer. La atadura a una identidad estable ha impuesto estrategias/reglas de comportamiento entre sujetos. Tal y como se construyen los conceptos binarios de género y las relaciones entre ellos que han sido procurados en la historia, también pueden de-construirse.


“El ejercicio del poder no es simplemente una relación entre "parejas", individuales o colectivas; se trata de un modo de acción de algunos sobre algunos otros”. (Foucault, 1988).

Las distintas capacidades físicas, mentales, y emocionales que reinciden en los sexos son vistas como “universales” en aquella ilusión excluyente binaria. Los cuerpos han sido condicionados milenariamente ha actuar de formas específicas en base a esa presunción. La forma en que un hombre actúa ante y con una mujer construye lo que es ese hombre en relación a ella, y viceversa. Sucede lo mismo entre mujeres: la forma de relacionarme con una mujer es entonces un acto performático que va trazando una concepción de realidad y rutas de posibilidades de acción; la relación que tengo con mi propio cuerpo también lo es. “El ejercicio del poder no es un hecho bruto, un dato institucional, es una estructura que se mantiene o se rompe: se elabora, se transforma…” (Foucault, 1988).


El cuerpo de mujer ha sido visto como un instrumento: utilizado como el receptor de vida y volcado a su rol de madre, dejándola en un modus vivendi en el que su cuerpo no es suyo; es de los otros que ejercen control sobre él. El cuerpo de mujer -que no le ha pertenecido totalmente- es asumido cómo el débil en contraposición con la fortaleza de hombre. El cuerpo de mujer ha sido maquilado en manos de la visión hegemónica masculina, tanto por el hombre como por la mujer misma en su quehacer constante. Tal relación de poder somete, subyuga, y manipula el cuerpo de mujer que lo ata al género dícese “femenino” y lo obliga a cumplir con lo que “debe”.


Según Foucault (1988), hay tres tipos de luchas contra el poder: las que se oponen a las formas de dominación, las que denuncian las formas de explotación y las que combaten contra las formas de subjetividad y de sumisión. La resistencia a la relación de poder entre géneros es la que surge con el nombre de feminismo. El feminismo ha pugnado a través de la historia pasando por los tres modos de lucha hacia la liberación de la mujer en sociedad. El feminismo ha denunciado a través de la política la explotación y privatización de la mujer y su oficio, se ha opuesto a la dominación en su vida en pareja y ha combatido contra los arquetipos simbólicos de feminidad que inundan el lenguaje y la imagen comunicada. Esta guerra combatida pasiva y agresivamente ha logrado muchas rupturas a las estructuras sociales que por mucho fueron perduradas. Sin embargo, falta mucho por hacer activamente, es decir, continuamente.


“En la medida en que el género se explica en términos de encarnación de las normas sociales y culturales en el propio cuerpo y sus prácticas (y a partir de ahí de formas de ser, sentir, pensar y hacer), es posible que desde su corporeidad las mujeres elaboren una visión alternativa que les permita explicarse el mundo y al otro” (Quiroz, 2001).

La mujer se ha conocido a través de las años a si misma incapaz de crear más allá de lo que la biología le otorga; la mujer se re-conoce ahora con la posibilidad de más. El despertar de la consciencia femenina se expande más allá de lo que el término implicaba. La mujer ha luchado y ha generado el contrapoder en la institución social y ha logrado alterar ciertos patrones en la perspectiva de la posibilidad de acción de ella. Sin embargo, le reestructuración del cuerpo se ha quedado atrás dentro de la revolución feminista (teórico-política y social principalmente). Para que la mujer pudiese insertarse en el juego político y social en una posición de poder tuvo que optar por “masculinizar” su identidad. ¿Dónde queda dentro de su actuar, la aceptación del cuerpo natural, sin ceder al binario que rige nuestra sociedad?


“La dualidad de géneros no puede ser defendida ni eliminada ya que no es un orden biológico ni cultural, sino que es entendido en un sentido existencial u ontológico… la exploración del inconsciente como medio privilegiado de reconstrucción de la identidad femenina.” (Aguilera, 2009).

¿Qué disciplina, o técnica de acción performática trabaja con la reestructuración del cuerpo a través de la repetición y la exploración de posibilidades? Es dentro del arte, subjetivo en esencia e universal en expresión que se logran rupturas de paradigmas. Es la danza la disciplina que moldea al cuerpo con un propósito específico: el encontrar un movimiento controlado a tal punto que se pueda lograr lo que uno sea capaz de imaginar: la liberación a través del acondicionamiento del cuerpo. Es la danza contemporánea, la que va más allá de figuras establecidas que busca constantemente la emoción y sensación como motor de movimiento.


La mujer en una exploración del movimiento de su cuerpo, de sus capacidades, de su acción: es la herramienta para su liberación plena; ejercer control sobre su acción misma, investigar lo que su cuerpo puede lograr, relacionarse con el cuerpo danzante ajeno –hombre, mujer- dentro de un ambiente que lucha constantemente contra la estructura corporal… El entorno perfecto para la reformulación del significado del cuerpo de mujer.


 

1. “El Feminismo, como movimiento social y teórico, surge vinculado a la Ilustración, cuando se conforma un nuevo orden político y social basado en la primacía de la ley y la autonomía de los seres humanos y que reconoce la dignidad humana y los derechos que le son inherentes, pero que excluye a las mujeres y a otros muchos grupos continuamente vulnerados” [Aguilera, S, 2009]

2. Segunda ola del feminismo que enfatiza la lucha por la ciudadanía de las mujeres, acompañado históricamente del socialismo y anarquismo.


 

BIBLIOGRAFÍA

Butler, J. (1988). Performative Acts and Gender Constitution: An Essay in Phenomenology and Feminist Theory. Theatre Journal. Vol. 40. pp. 519-531

Foucault, M. (1988). El sujeto y el poder. Revista Mexicana de Sociología, Vol. 50, No. 3 pp. 3-20

Aguilera, S. (2009). Una aproximación a las teorías feministas. Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y Política, nº 9 pp. 45-82

Tarrés, M. (2013) A propósito de la categoría género: leer a Joan Scott. Estudios Sociológicos, Vol. 31, No. 91, pp. 3-26

Quiroz, M. (2001). Frutos de mujer: las mujeres en la danza escénica. Conaculta: Instituto Nacional de Bellas Artes, pp. 27-38.

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